Estado del sector del directo (2016) y propuesta al sector

cropped-novaicona

Tras la publicación del vídeo de lo ocurrido el pasado 1 de octubre, donde trabajé como técnico de empresa durante más de 20 h seguidas, han sido muchos los que no sólo se han visto identificados sino que, paralelamente, han criticado hasta la saciedad la situación. Sin duda alguna, nuestro sector padece una de las más brutales e injustas condiciones laborales dentro de lo que consideramos supuestamente “legal”, algo que sin duda ayuda enormemente a su invisibilidad. Por ello anticipo la propuesta que prometí hará un largo año… creo que ya es hora.

Hace ya más de un año empecé a estudiar, comprender e intentar buscar una solución a este macabro escenario. Junto a diferentes compañeros del sector, lanzamos lo que debía ser el primer censo de técnicos del directo en Catalunya que a su vez confirmó lo que ya sabíamos: éramos muchos, generamos un buen PIB, pero trabajamos en unas condiciones difíciles de justificar. Ese primer censo-encuesta se convirtió luego en una plataforma de trabajo que se denomina projecteTècnics.cat

Después del censo, que no era más que una encuesta a los propios trabajadores del sector, los de la plataforma hablamos con los siguientes implicados: las empresas que nos contratan. Aunque en un principio creímos que podría existir cierta sintonía, rápidamente nos dimos cuenta que los empresarios también son “víctimas” de este curioso lenguaje, supeditados sin duda alguna a los deseos del propio cliente pero aceptaban toda esta alegal situación escudándose en un “es que esto es así”, para nada convincente. Recordemos, puesto que es importante, que me refiero únicamente al sector del directo: conciertos, galas, orquestas, festivales, etc.

A la caza del cliente ¿el malo de la película?

El siguiente paso fue intentar hablar con los supuestos clientes, pero en primera instancia se convertía en un trabajo enorme, hasta que nos dimos cuenta que la mayoría del capital invertido en nuestro sector proviene de manera directa o indirecta de la administración pública: ayuntamientos, diputaciones, etc. A la vez, descubrimos que el PIB generado en nuestro sector es realmente importante, nada menospreciable, lo que indicaba a nuestro favor dos cosas: alguien nos tenía que escuchar porque tenemos valor ‘económico’ y que a su vez todo lo que nos rodea de manera directa tiene suficiente valor económico como para solventar nuestras demandas. Aún sin tener claro qué demandas queríamos exactamente.

Así las cosas, era conveniente contactar con la administración para saber qué opinaban y qué podían hacer en nuestro sector. La sorpresa no fue descubrir que la administración era consciente de estas demandas, sino que se desprendían de cualquier responsabilidad ya que la relación entre ellos y las empresas contratadas estaban dentro de todo marco legal posible. Entonces ¿cómo puede ser que nuestra situación no tenga responsables? ¿Cómo hemos llegado aquí?

A estas alturas está claro que los técnicos creemos que los (ir)responsables son las empresas que nos contratan (sea bajo la forma que sea) que a su vez critican los precios ofrecidos por sus clientes, la mayoría administración pública. Pero a la contra, la administración defendía sus actuaciones empresariales y contractuales al afirmar y poder presentar toda la ristra de contratos legales a disposición de cualquiera, por lo que apuntaba directamente a los empresarios. Así que, de nuevo, fijábamos nuestro ojo a los empresarios… hasta que nos dimos cuenta del quid: empresarios.

Para entenderlo explico un ejemplo básico. Un ayuntamiento cualquiera quiere realizar un concierto, por lo que tiene que definir una partida presupuestaria al respecto. Para ello pide una serie de presupuestos bajo unos requisitos determinados, para conseguir obtener diferentes propuestas. En este ejemplo sencillo diremos que sólo aparecen tres presupuestos de tres empresas distintas: la A que propone X euros, la B con 2X y la C que coincide en valor con la B. Todas las tres opciones afirman cumplir no sólo con los requisitos expuestos, sino con todos los preceptos legales a los que están sometidos por ley (por ejemplo, algo tan sencillo como que el camión que utilizarán para el transporte de material está matriculado y tiene la ITV en rigor, algo que pueden y deben demostrar). Visto así, lo primero que hará el ayuntamiento a “igualdad” de condiciones es rehusar las opciones B y C puesto que valen el doble que las A. Sea como sea, todas las opciones deben ser correctas, insisto: por ley y por condiciones. Si no fuera así el responsable es la empresa, no el cliente (en este caso el ayuntamiento).

Incluso si el material de las tres opciones es idéntico, lo que seguramente las diferencia es el coste en personal. Las opciones B y C ponen más personal técnico lo que implica aumentar el presupuesto, mientras que la A va al mínimo posible. Lo único a favor de nuestro sector es que el consistorio añadiese una duda razonable, una duda que le permitiera descartar la opción más económica consciente y valeroso que justamente esa propuesta “dañará” las condiciones laborales de los trabajadores o el precio está por debajo de lo real (es lo que se conoce como baja temeraria) pero en realidad no puede a no ser que lo pueda justificar, puesto que la presentación del presupuesto en el ayuntamiento supone la ‘presunta’ aceptación de todos los requisitos técnicos y legales y a efectos políticos ¿por qué pagar más cuando tengo la misma opción que vale la mitad?

La empresa A obtiene el concurso y prepara la producción. Consciente o no (seguramente sí), la parte que destinará a personal será lo justo para que 3 técnicos realicen las tareas encomendadas, aunque para ello tengan que trabajar 20 h seguidas, sin comer y poco más. Esto sin duda es ilegal… a no ser que lo sea… La verdad es que lo es.

Hecha la ley, hecha la trampa

Actualmente son pocas las empresas que tienen una plantilla de técnicos propia (y menos las que envían esos técnicos en plantilla a trabajar fuera). En este caso, lo único que tienen que hacer es aplicar alguno de los convenios más irracionales que haya disponibles. Hasta hace poco el habitual era el de la metalurgia, que permitía el control de los trabajadores del “hierro”, aunque últimamente se utiliza el de “comercio”, que permite agrupar las horas extras y jornadas de trabajo maratonianas normalmente los fines de semana. Gracias a la poca acción de los sindicatos generalistas, el Estado ha ido regulando a su antojo los derechos laborales agrupándolos por año o semana laboral. Así, limita a 40 h semanales las horas que un contratado puede trabajar, pero con suficientes lagunas para que esas 40 h se puedan repartir en sólo 2 “jornadas”, siempre y cuando existan 12 h de descanso entre una y otra (ahora volvemos a ello). Además, se limitan las horas extras posibles a 80 anuales… pero en caso contrario se pagan y listos. Así las cosas, un técnico en plantilla sobre el papel puede trabajar un viernes en un turno único de 20 h (sí, tendrá descansos de 15 minutos… por ejemplo mientras una banda toca y, siendo él microfonista, se fuma un piti o bebe un refresco), deberá descansar un mínimo de 12 h y vuelta a otro turno de 20 h. Sí, sé que muchos terminan haciendo dos turnos seguidos de 20 h sin el perceptivo descanso y esto que sí es totalmente ilegal, pero es aquí cuando el empresario ejerce su fuerza: o lo haces o a la calle, que como tú hay 500 más. Y lo haces y callas.

El único requisito que el empresario necesita contemplar con sus trabajadores en plantilla es que estén bajo algún paraguas legal en caso de problemas. Así, si uno de ellos cae del escenario y se abre la cabeza, el empresario sólo tendrá problemas si la Seguridad Social pone en duda la jornada de trabajo (como ocurrió en los ochenta en un caso similar y fue el detonante para la popularización de la figura del autónomo a marchas forzadas). Si no es por ello… ¿qué problema puede tener? Ninguno.

Sé que hay empresarios que no tienen esta manera de trabajar, pero la generalización ha hecho mella en el sector. Peor todavía es cuando hablamos de autónomos.

Autónomos: la herencia de los 80

A principios de los 80, un técnico en plantilla de una empresa tuvo un grave accidente laboral. Aún así, la Seguridad Social no sólo evitó pagar las correspondientes indemnizaciones sino que multó agresivamente a esa empresa por, digámoslo así, explotación laboral. ¡Bien!, pensamos… El contratado había estado trabajando, ‘como siempre’, más horas de las legales, teniendo el accidente fuera de ese rango legal. Era la excusa perfecta para que la Seguridad Social evitara cualquier responsabilidad. Esta acción, criticable pero justificable con la ley en la mano, hizo reaccionar a los empresarios: propuso el despido masivo de sus asalariados con el siguiente argumento: os hacéis autónomos, os daremos exactamente la misma agenda laboral, os pagaremos más (en realidad gastarían lo mismo al pasar al autónomo el pago de la seguridad social e impuestos) y no os tendréis que preocupar de nada. La otra opción era el despido y ya está.

Seguramente esta “planificación” que actualmente está vetada por la ley bajo la figura del falso autónomo, funcionó durante cierto tiempo, pero hoy en día está totalmente prostituida. La relación que existe entre las empresas que nos contratan y nosotros, los autónomos, es, desde el punto de vista legal, de empresa a empresa. Sin duda, poco a poco los empresarios se dieron cuenta no sólo de lo fácil que era “contratar” a un autónomo (una factura y listos), sino que ahora podían incluso subastar el precio de los técnicos a la par que dilapidaban cualquier responsabilidad laboral, porque no hay contrato laboral. Así las cosas, muchos somos los que reconocemos que cobramos exactamente lo mismo hoy que hace 25 años, pero este es otro tema.

Vuelvo a un detalle importante: la relación que hay entre una sociedad empresarial y un autónomo es entre empresa y empresa. Esto implica muchas cosas. Por ejemplo, que según la ley, se permite la oferta y demanda. ¿Qué quiere decir esto? Que -qué bonito- el autónomo es libre de ofrecer sus servicios al precio que él decida, pero también que el empresario es libre de contratarlos. A efectos prácticos es lo que conocemos: el empresario propone un presupuesto y tú, como autónomo, aceptas o no trabajas. Chantaje. Pero ¿cuál es la diferencia? Que en realidad la relación entre la empresa que nos contrata y nosotros, autónomos, es laboral, no empresarial. Es la figura del falso autónomo que, en caso de detección, obliga al empresario a contratarnos… es decir, a no llamarnos más.

En una de las reuniones que tuve con cierta empresa de renombre en Barcelona me dejó de piedra la afirmación por parte de la dueña que cuando contrataba a un autónomo lo que hacía era contratar a una persona. Aunque entiendo este discurso (ella quería a TAL y no a CUAL), por ley esto se debería reflejar con un contrato laboral que lleva implícito unos derechos y unos deberes, que a modo práctico haría imposible que ese trabajador trabajara más de 9 horas diarias (súmenle las que quieran de extras hasta un 80 anuales). Por eso, la empresaria quería a ESA persona pero en forma de AUTÓNOMO. ¿Porqué? Por que entonces pasaba toda la responsabilidad laboral al autónomo. Caemos como moscas.

Cuando una empresa contrata a un autónomo en realidad contrata a una empresa. En ese momento es esta segunda empresa (que eres tú) la responsable de la aplicación justa de las leyes sean las que sean. En realidad, cuando además de aceptar el presupuesto que la primera empresa te ha ofrecido decides ir tú a trabajar, el único responsable que trabajes más horas de las que te tocan eres tú mismo. Sobre el papel, eres tu quien te obliga a trabajar dobles turnos a precios paupérrimos. Para entenderlo mejor, otro ejemplo. La empresa A me ofrece ese bolo del ejemplo por 200 €. Yo acepto como autónomo, pero contrato por mi cuenta a un técnico auxiliar, le doy de alta a la seguridad social, le ofrezco un contrato, y le hago trabajar en ese concierto. Cuando la empresa A ve al nuevo técnico se queja porque me quería a mi, pero legalmente no puede decirme nada: yo estoy dentro de la ley. Evidentemente, la empresa A no me llamará nunca más. Pero todavía… ese técnico contratado por mi para un concierto de 20 h decide, a las 9 h de trabajar, irse a casa… le denuncio pero gana él.

¿Dónde quiero llegar?

Lo primero. Como autónomos (el 58,6 % de los encuestados hace un año lo eran, pero somos mayoría en los eventos en sí) los responsables de los riesgos laborales en regla, de los EPIs e incluso de los horarios somos nosotros mismos. Al ser empresarial nuestra relación con quien nos contrata no nos extraña cuando nos piden todos los certificados posibles y por haber… justamente los mismos que le pide el ayuntamiento a la empresa que gana el concurso o la licitación. Cuando nos contratan de esta manera y nos dan una camiseta de la empresa que nos contratan… ¡es ilegal! En realidad tienes derecho (y obligación) de ir con tu uniforme, que te has pagado tu y del que eres responsable. Si dudas de ello, recuerda lo que aprendiste en el curso de riesgos laborales, por que ese no es solo tu pan de cada día, sino tu Biblia laboral. Diría más: si nadie te da agua durante tus jornadas de trabajo, eres tu el responsable, eso sí, sólo de tu agua.

Cuando levantas la voz y dices: “joder, llevo 20 h trabajando” el único que puede estar sancionado, sobre el papel, eres tu mismo, pero como que eres dueño de tu propia empresa no eres trabajador, por lo que no tienes convenio alguno asignado. No lo tienes ni lo tendrás. En realidad, si quieres estar debajo de un convenio tienes que estar contratado (es decir, ser trabajador por cuenta ajena) que no es el caso con las empresas que te contratan ni aún menos eres tan raro de contratarte a ti mismo (y cobrar mucho menos), aunque tampoco puedes. Curiosamente, sí eres responsable de cualquiera de tus actos como autónomo: si conduciendo, tras 20 h de trabajo, te estampas, la responsabilidad es tuya (y quizá hasta tienes que pagar los destrozos del camión y del equipo de quien te ha “contratado”). ¿En serio este es el plan?

Visto lo visto, se empiezan a aclarar las cosas. Los clientes lo único que han hecho (y siguen haciendo en el caso de la administración pública) es mirar la ley, aceptar sus retos, pero mirar a otro lado durante los conciertos. Conocedores de nuestros problemas lo tienen fácil con ignorarlos y afirmar, verdaderamente, que están siguiendo todos los preceptos legales. Por otro lado, los clientes han sacado provecho de las “batallas presupuestarias” entre las empresas que ofrecen sus servicios. Cuando después del ejemplo anterior las empresas B y C, que pagaba bien a sus técnicos autónomos con doble turno y tal, ve que A gana los concursos, explota a sus técnicos y no ocurre nada, es lógico pensar (teniendo una mente empresarial) que al próximo concurso intentarán no sólo ofrecer X, sino algo menos para arrebatarle el puesto, generando el efecto del pez que se muerde la cola: irán bajando más los precios, hasta que no puedan asumirlos y pasarán esa responsabilidad a los técnicos (empresas externas) ofreciéndoles menos. Evidentemente, el cliente contento.

Nosotros, los últimos del escalafón, nos hemos mal acostumbrado a estas prácticas y no podemos ni jugar, más bien al contrario. Somos conscientes que si decimos “no”, alguien dirá “sí”, por lo que nos bajamos los pantalones.

Hace muy poco otro ‘gran jefe’ de una empresa de renombre de Barcelona tuvo la estupidez de afirmar, tan tranquilo él, que ser autónomo es únicamente una manera de cobrar. ¡Y una mierda! Es mucho más. Es una relación contractual entre dos empresas, pero es la negación absoluta al trabajador técnico final (nosotros) de cualquier derecho laboral e incluso social. Cuando esta persona afirmó tajante estupidez me demostró, otra vez más (es el mismo que ofrecía el grifo del baño para que sus trabajadores puedan beber), que su respeto por las personas es únicamente económica. Pero desgraciadamente tenía razón cuando lo que hacía era definir el estado actual del sector. Tenemos que cambiarlo.

¿Qué podemos y no hacer?

Siempre que hablo de estos problemas y los expongo hay alguien que grita: ¡necesitamos un convenio! Nuestro gran estado español ha jugado bien las cartas en este asunto a favor… no sé a favor de quién, pero sin duda alguna no a favor de nosotros. A fecha de hoy es posible crear un convenio (que debería ser estatal, por lo que el trabajo es arduo e innecesario como ahora veréis), pero también es verdad que cada empresa puede elegir el convenio que mejor le parezca sin justificar demasiado. Peor aún, los autónomos no somos masa contractual, por lo que un convenio no nos sirve para absolutamente nada. Un convenio tiene sentido cuando te contratan, no cuando facturas. Eliminemos el convenio de nuestra ecuación.

Teniendo en cuenta que más de la mitad de los técnicos somos autónomos podríamos colegiarnos. Gracias otra vez al Estado, un colegio profesional no supone hoy por hoy ventaja alguna. Soy miembro de un colegio profesional y, la verdad, demasiado trabajo para tan poco resultado. Además, y de nuevo, tendríamos que trabajar mucho para conseguir lo mismo que lo que se puede hacer paralelamente. Un colegio necesita de una carrera profesional universitaria, que no existe de manera práctica en nuestro sector. Descartado por definición.

Otra opción encima de la mesa es la creación de un sindicato. Descartado por naturaleza. Un sindicato existe para la defensa de los derechos (y deberes) de los trabajadores. Trabajadores. ¿Qué somos nosotros? Legalmente, empresarios. Podríamos crear un sindicato y ordenar al sector, pero en materia judicial tenemos todo perdido, en cuanto representaríamos a empresarios, que no a trabajadores… Toda una lucha fútil, de momento. Por si nos queda alguna duda, la propia ley nos lo impide: en España, los trabajadores autónomos (por cuenta propia) pueden afiliarse a los sindicatos existentes, ‘pero no fundar sindicatos que tengan precisamente por objeto la tutela de sus intereses singulares’ (art.3.1 de la Ley Orgánica de Libertad Sindical).

Para más complejidad, el dichoso Tribunal Constitucional ha dicho que los autónomos no tienen un interés antagónico sindicalizable que justifique tener sindicatos propios, pero se acepta que puedan afiliarse a los sindicatos ya existentes porque, en la práctica, tienen derecho a defender sus intereses -frente al Estado, frente a las organizaciones empresariales, etc. Otra cosa distinta es que los trabajadores autónomos puedan constituir “asociaciones”, en el ejercicio de su derecho constitucional de “derecho de asociación”, pero no serán sindicatos, sino asociaciones como hay muchas.

¿Es nuestro camino el crear una asociación?

Existe un Estatuto del trabajador autónomo, publicado en el BOE del que extraigo uno de sus derechos (la mayoría impracticables) que es la posibilidad de crear una asociación de autónomos. Extraigo del BOE:

Estas asociaciones, en cuya denominación y estatutos se hará referencia a su especialidad subjetiva y de objetivos, tendrán por finalidad la defensa de los intereses profesionales de los trabajadores autónomos y funciones complementarias, pudiendo desarrollar cuantas actividades lícitas vayan encaminadas a tal finalidad. En ningún caso podrán tener ánimo de lucro. Gozarán de autonomía frente a las Administraciones Públicas, así como frente a cualesquiera otros sujetos públicos o privados.

(…)

Las asociaciones profesionales de trabajadores autónomos deberán inscribirse y depositar sus estatutos en el registro especial de la oficina pública establecida al efecto en el Ministerio de Empleo y Seguridad Social o de la correspondiente Comunidad Autónoma, en la que la asociación desarrolle principalmente su actividad. Se entiende que las Asociaciones Profesionales de Trabajadores Autónomos desarrollan actividad principalmente en una Comunidad Autónoma cuando más del 50 por 100 de sus asociados estén domiciliados en la misma.

Aquí está una posible salida: una asociación profesional. Propongo la creación, primero en Catalunya, de una asociación profesional de técnicos del espectáculo efímero (evidentemente con un nombre mejor), cuyo sentido sea crear las bases de desarrollo para un futuro laboral mejor y su aplicación progresiva a un determinado calendario. Pero sólo tendrá sentido si la mayoría de los técnicos son miembros de esta asociación y trabajan al unísono. Debemos sentar la base a partir de nuestros deberes (en vez de derechos, que es como la mayoría de sindicatos hoy trabajan) y ofrecer compensaciones a nuestros derechos. Dicho de otra manera: no ir contra el sector, sino a favor del sector, a favor del entendimiento entre los tres actores (que no dos) que ejercen nuestra realidad: cliente, empresario y autónomo. Será des de la base que propondremos una nueva tabla de organización, basado en horarios, en la compensación de los EPIs, seguros de responsabilidad civil… Conseguiremos batir todos nuestros requisitos legales, a la vez que pediremos cumplir para con nosotros con el resto de requisitos legales.

El objetivo no es dejar de trabajar en una producción de 20 h seguidas, sino que si debe hacerse que sea a cambio de algo… y ese algo, ya avanzo, no es únicamente un tema de sueldo.

Nuestros clientes económicos (ya sabéis que soy de los que piensa que en realidad trabajamos para el público) deben tener las herramientas necesarias y claras para defender sus previstas subidas presupuestarias de cara a sus clientes y que éstos tengan información clara y precisa del porqué de estos nuevos precios.

CONCLUSIÓN: Manos a la obra ¿sí o no?

Lanzo este escrito en todas las plataformas donde participo, incluyendo projecteTecnics.cat La idea es, primero, ver su posibilidad, estudiarlo y, si creemos en ello, tirarlo adelante. Me comprometí hace algo más de un año en estudiar el sector, sus problemas y sus vicisitudes… Consciente de ello, cumplo mi palabra y hago esta propuesta, pero necesito vuestro beneplácito o, mejor dicho, vuestra responsabilidad. Todo lo anterior NO tiene sentido si no somos mayoría, si no somos todos. Si lo hacemos mal, siempre habrá alguien que, ajeno a este proyecto, aprovechará para sacar tajada, como ahora que sé que hay “técnicos” capaces de trabajar esas 20 h por menos de 100 €/jornada. Tenemos que ser lo suficientemente buenos como para seducir, en vez de dividir; ser capaces de formar un conglomerado de normas versátiles (llamémoslo código de buenas prácticas) aunque sencillas para que dentro de la claridad seamos eficaces como siempre, sin trampas. Que todo aquél que quiera ser técnico vea en este sector una atractiva oportunidad laboral, no como ahora que simplemente sobrevivimos porque de esto hacemos una tremenda afición.

Y no, no será otra asociación con cursos y otras memeces varias, para eso ya están los sindicatos y colegios. Tendremos 1 objetivo que es el dignificar nuestra profesión, mejorar nuestra relación social y familiar y poder vivir de ello.

Si crees que esto puede funcionar (o no), soy todo oídos. Utilizaremos la plataforma de projecteTecnics.cat o su página de Facebook para mantenernos en contacto. Pronto, encuesta nueva… Ahora está en tus manos.

¿Qué? ¿Adelante?

« »

© 2001 - 2017 Kinosonik by R. Sendra. Todos los derechos reservados.