Valora tu técnico de PA

Eres músico en una banda y hacéis algunos conciertos, en salas, incluso en algún festival de renombre. Son muchas horas en carretera, y muchas más en el local de ensayo con tus compañeros mejorando y tocando una y otra vez ese set list que compone vuestro producto. Tenéis una oficina que os busca los conciertos y viajáis incluso con road-manager, en una furgoneta de 9 plazas y, además, con vuestro propio técnico de sonido. Hasta aquí, dominas a la perfección el rendimiento de cada uno de los que componen tu banda… Pero hay uno al que difícilmente puedes valorar: el técnico de sonido de PA. Si tienes la suerte (y mejor sensatez) de ir con uno de monitores, sabrás cómo trabaja y lo bien o mal que lo consigue simplemente escuchando tu monitor o tu IEM. Podrás hablar con él para mejorar poco a poco esa mezcla única. Pero el de PA es otro mundo, otra historia.

En sus manos tiene todo tu trabajo, es el último escalafón que otorgará mayor o menor calidad a tu producto y, la verdad, sólo puedes evaluarle por lo que haya hecho con otras bandas o por lo que el público pueda decirte después de cada actuación. De hecho, algunas veces las críticas han sido, para un mismo concierto, buenas y tremendamente malas, por lo que has hablado con el técnico que te acompaña y te ha explicado, por ejemplo, lo difícil que es ajustar una PA volada con sus subs en el suelo y que suene uniformemente para toda la platea (¡los dichosos pasillos otra vez!). Una vez pasa, otra también… pero llega un momento en que dudas de su trabajo que, recordemos, es responsable directo de la calidad final del tuyo. ¿Cómo saber hacerlo desde encima del escenario?

Muchos músicos intentan valorar el trabajo de su técnico “escuchando” lo que se percibe desde el escenario de la PA principal. Es un gran error. La acústica de la sala o el espacio de actuación incide notablemente en ello. Incluso habrá días en que serás víctima de un rebote demasiado cercano al eco por una pared situada críticamente cerca, mientras que quizá el sonido en la sala es tremendamente bueno, por no decir magnífico. Recuerda que, normalemente, apenas tu y tus músicos estáis levantados quizá 2 metros del suelo, y eso significa mucho. La popularización de las configuraciones de los subs en cardioide está limpiando el escenario de bajas frecuencias, algo totalmente necesario y práctico, por lo que valorar el rendimiento de su mezcla a partir de la “sensación” de graves en el escenario también es un error. Y ya no digamos equipos tipo el GSL de d&b: todo él cardioide. En escenarios grandes incluso puedes tener la sensación que la PA está apagada, cuando en realidad se está consiguiendo una barbaridad en lo que a presión sonora se refiere en platea. Todo esto anterior no es mérito (o error) de tu técnico, que lo sepas, sino de los técnicos que han montado el equipo.

Por experiencia hay símptomas claros de que tu técnico es bueno, profesional o, simplemente ejerce bien su función. Por ejemplo, si tu técnico no aparece en el escenario durante el montaje de backline o justo antes de las pruebas para verificar la colocación de los micros, es que se le está pasando algo muy importante. No hace falta hablar de la necesidad de cuidar bien y de manera precisa la colocación de absolutamente todos los micrófonos en el escenario.

Actitud. Podéis ser la banda más importante del mundo o la peor pagada; pero el “buenos días” o “buenas tardes” por parte de alguien que justamente será el único que manejará equipos de terceros es un detalle importante. Por experiencia, el cómo se presenta dice mucho de una persona y, por ende, de un profesional. Recuerda que él será el responsable (con tu supervisión, si es necesario) de elaborar el rider técnico, ese documento que otorga las especificaciones técnicas necesarias para tirar adelante vuestro bolo. No digo que sepas exactamente el propósito de cada una de las premisas ahí presentadas, pero a partir de la reacción de los locales puedes descifrar si el rider es bueno o no. En cualquier caso, un rider correcto supone una aceptación casi absoluta; mientras que sólo los complicados, absurdos y exagerados encuentran dificultades para conseguir su aceptación. Si tu banda nunca consigue el rider técnico demandado quéjate en dos sitios: en tu oficina de producción que os minusvalora o, lo más habitual, a tu técnico de sonido por pedir demasiadas cosas fuera de lo común, lo que incide en su capacidad profesional.

La actitud del técnico cuando llegáis a un sitio además te dará la oportunidad de saber si sabe lo que hace o no. Amén del cordial saludo, si es de los que ponen solución a los problemas y aceptan en ese momento (independientemente del rider) las ofertas planteadas sin prejuicios, entonces es que es el adecuado. En cambio, si empieza a recurrir a los cambios de rider impuestos como pre-excusa a un sonido deficiente, entonces mal. Sin duda alguna, un D-112, un Beta52 o un D6 son buenos micros para bombo; pero si por las circumstancias que sean esa noche al bombo sólo podéis ponerle un SM58, no digo que pueda sonar perfecto, pero un técnico de sonido ‘normal’ debería saber sonsacar un buen ataque y profundidad incluso con él. Simplemente, le costará más.

Las pruebas de sonido. A todos los técnicos de banda nos gusta hacer pruebas de sonido. Son el mejor momento que tenemos para sonsacar nuestras mejores herramientas para la consecución de nuestro objetivo (que además es el tuyo), a la par que tenemos una oportunidad de oro para poder familiarizarnos con todos los elementos que entran en juego, pudiendo experimentar y realizar acciones que, en directo, no se nos ocurrirían por seguridad. Entonces, está bien que tu técnico las exija, pero si realmente se obstina en ello y, tras meses de trabajo juntos, no acepta que, de vez en cuando, apenas sea posible un line check, entonces empieza a dudar. Si el equipo es de altas prestaciones (normalmente en un festival) e incluso ello implica que se cumple vuestro rider al 100 %, tu técnico no debería tener problema en aceptar este line-check. Si se resiste es que no se siente seguro, no se siente capacitado.  En este eje, utilizar el hehco que no ha habido prueba de sonido como excusa a un mal sonido… malo.

Si vas con técnico propio, por lógica, se supone que conoce cómo toca cada uno de los músicos, qué instrumentos utilizan, qué sonido se busca, etc. Es una ventaja tremenda en comparación a no tener técnico. Eso implica que, por ejemplo, cuando empieza la prueba con el bombo irá directo a buscar el sonido que demanda vuestra banda. Si es bueno, lo conseguirá rápidamente, porque estará utilizando una memoria de mesa de un concierto anterior o una preparada expresamente; o sencillamente porque es bueno y sabe qué conseguir con lo que tiene, incluso antes que el batería le de al bombo. Si notas que las pruebas son eternas, es que algo va mal. Puede ser que esa noche tenga problemas con el equipo, pero si se convierte en tradición…

El tamaño de un altavoz indica claramente a qué frecuencia está destinado a reproducir. Algo básico, lo sé. Por eso, los tweeters que sirven para propagar sonidos agudos son pequeños, porque la longitud de onda es muy corta. En cambio, para los subs se utilizan altavoces de 18 o 21”. Una pulgada son 2,54 cm. Tus monitores tienen un tamaño definido determinado por el diámetro de los altavoces que equipan. Si haces cuentas, recordarás que con mucha suerte apenas has pasado de las 15”, cuando lo habitual son las 10 o las 12”. 12 x 2,54 = 30 cm de altavoz. Esta longitud de onda pertenece a 1,1 kHz, por lo que para la reproducción de sonidos de más baja frecuencia, debemos “engañar” el aire para hacerle entender que en realidad el altavoz es más grande. Esto se consigue encerrando el altavoz en un recinto acústico. Aún así, la respuesta en frecuencia que podemos conseguir con un monitor de 12” no nos permitiría conseguir sonidos de muy baja frecuencia: por eso al batería le montan, además, un subwoofer dedicado, simplemente para escuchar el bombo y parte del bajo. Sabiendo esto, aquellas numerosas veces que escuchas un acople en bajas frecuencias y diriges tu ira al técnico de monitores, quizá deberías pensar que lo que tendrías que hacer es hablar con tu técnico de PA: el de monitores lo tiene difícil para conseguir ese acople y, si fuera tal caso (porque hay sidefills o porque se le ha ido la pinza con el sub del batería), reaccionará seguramente más rápidamente que tu oído. Esta es quizá una de las maneras más fáciles de saber si tu técnico es bueno o no.

Lo mismo ocurre con los acoples en altas frecuencias. Si son de monitores, moviendo el micrófono o alejándote del monitor debería desaparecer. Cuando eso no ocurre, tu ira hacia FOH. Cuanto más malo es un técnico, más dura un acople; y esto sirve para el de monitores, el asistente que te mezcla esta noche y para tu técnico.

Cuando termina el concierto es cuanta más información puedes sonsacar en tu propósito. El público no suele felicitarte por el sonido si está bien, sino sólo cuando es espectacular o cuando es muy malo. Sea lo que sea lo que te diga el público, habla con tu técnico y escúchalo. No hace falta que entiendas lo que dice, sino simplemente pondera cuánto se queja y cuánto piensa ya en el próximo bolo. Si se queja mucho y refleja su ira al equipo, entonces es que algo va mal. Normalmente, por experiencia, es él el que va mal. Para dilapidar la duda, basta con que te esperes un poco y escuches la banda que toca después de la tuya: si esta no tiene problemas, es que el tuyo se llama “tu técnico”.

No vale escuchar una grabación del concierto. Nunca. Voy con bandas que me la piden pero lo hacen para mejorar su actuación. Estas bandas ya se han acostumbrado al sonido “malo” de la salida de PA principal. Es normal: puedes conseguir un headroom (dinámica) tremendamente mayor del que tiene el auricular que utilizarás o el equipo todo-en-uno estéreo que tienes, ya no digo el equipo de sonido de la furgo o el coche. No se suele “masterizar” un concierto. Además, se habrá realizado una mezcla para una PA determinada, con una respuesta en frecuencia muy poco habitual en ámbito doméstico. Lo que sí debes escuchar es la inteligibilidad de la palabra, siendo la voz uno de los elementos más débiles de la cadena. Si grabas un concierto en una sala pequeña es probable que sólo escuches voz y poco más… Pero la presión a la que sometes a tu técnico al dirle que quieres que grabe el concierto puede darte ideas de su capacidad.

Finalmente, hay un dato que es tremendamente estadístico y difícil de justificar, pero, insisto, funciona. Si tu técnico de PA es amigo tuyo o de algunos de tus músicos: malo. A no ser que tu banda no necesite un técnico de verdad (porque no puede pagarlo), lo suyo es buscar un profesional. De la misma manera que no recurres a tu cuñado para las reparaciones domésticas, harto ya de sus chapuzas, no hagas lo mismo con tu técnico de PA. Basta con preguntar o, simplemente, aprovechar cuando vas a un concierto y disfrutas del sonido: pregunta quién está destrás de la mesa, qué teléfono tiene y habla con él.